"El lenguaje de las formas en Teotihuacan"  LAURETTE SÉJOURNÉ 

"El lenguaje de las formas en Teotihuacan" LAURETTE SÉJOURNÉ 

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Los libros del dr Sámano
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"El lenguaje de las formas en Teotihuacan" LAURETTE SÉJOURNÉ Siglo XXI México, 1966 Esta es la primera edición publicada en México en formato grande. La pieza se encuentra en excelente estado sin daño alguno. Teotihuacán o Teotihuacan (en náhuatl: Teōtihuācan, ‘‘lugar donde los hombres se convierten en dioses ’​; ‘ciudad de los dioses’’), o también Teo uacan (en náhuatl: ‘Ciudad del sol’)​ es el nombre que se da a la que fue una de las mayores ciudades prehispánicas de Mesoamérica. El topónimo es de origen náhuatl y fue empleado por los mexicas para identificar a esta ciudad construida por una civilización anterior a ellos y que ya se encontraba en ruinas cuando los mexicas la vieron por primera vez. A la fecha se desconoce el nombre que le daban sus habitantes originales. La zona de monumentos arqueológicos fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. Teotihuacan, ubicada en la Cuenca del Centro de México, fue la ciudad más grande, más influyente y ciertamente más venerada en la historia del Nuevo Mundo, y floreció en la Edad de Oro de Mesoamérica, el Período Clásico del primer milenio D. C. Dominada por dos pirámides gigantes y una enorme avenida sagrada, la ciudad, su arquitectura, arte y religión influirían en todas las culturas mesoamericanas posteriores, y sigue siendo hoy el sitio antiguo más visitado de México. El arte de Teotihuacan, representado en esculturas, alfarería y murales, es muy estilizado y minimalista. Las máscaras de piedra se hicieron con jade, basalto, piedra verde y andesita, a menudo muy pulidas y con detalles, especialmente ojos, renderizados con concha u obsidiana. Estas máscaras también estaban hechas en arcilla, y ambos tipos alguna vez adornaron estatuas y paquetes de momias. Una gran cantidad de edificios en Teotihuacan fueron decorados con murales, la mayoría de los cuales retratan eventos religiosos, especialmente procesiones, pero también escenas con detalles del paisaje y la arquitectura y especialmente escenas acuáticas como fuentes y ríos. Las escenas también incluyen glifos que sugieren la existencia de un sistema de escritura, aunque mucho menos variado y sofisticado que el utilizado por los mayas contemporáneos. Pintada con la verdadera técnica del fresco, la obra recibió un pulido final. Se usaron colores brillantes y los tonos de rojo eran especialmente populares y se usaban para representar dioses, sacrificios y guerreros. En los edificios más modestos, también se pintaron patrones repetidos usando esténciles para crear un efecto muy parecido al papel tapiz moderno. Laurette Séjourné fue arqueóloga, antropóloga y etnóloga italiana naturalizada mexicana. Su nombre original es Laura Valentini Corsa. Al casarse con un francés su nombre cambió a Laurette Séjourné. Influyó en autores surrealistas que vivieron en México, como Leonora Carrington, quien ilustra su libro «El mundo mágico de los Mayas»; Benjamin Péret (Air Mexicain) y Wolfgang Paalen, que preparó un número «amerindio» de su revista DYN. Su tesis central partía de que el pasado precolombino, que se veía en las pírámides y en los códices, está aún vivo y presente en los antiguos pueblos, que susbisten en tiempos modernos. Esas reminiscencias podían verse en los pueblos de Oaxaca, por ejemplo, que ella estudió, como en diversas comunidades de la región de Teotihuacan y el Valle de México. Trabajó para el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), excavando en Teotihuacan. Publicó varios libros de cosmología y religión náhuatl, incluyendo Agua hirviente: Pensamiento y Religión en el México Antiguo. Su trabajo principal fue sobre la figura de Quetzalcóatl. Propuso que Quetzalcóatl no sólo fue una persona, sino que es un modelo a seguir de desarrollo humano personal, y una entidad sagrada por lo tanto. Además, sostuvo que Teotihuacan era la legendaria Tollan, contradiciendo la versión oficial de la arqueología mexicana, que la sitúa en Tula aun en nuestros días. El trabajo de Séjourné todavía es muy valorado por los especialistas, pero a algunos les preocupó que parte de su trabajo fuera adoptado por grupos esotéricos, que buscaban enseñanzas ocultas de las religiones prehispánicas. Eso es algo que la antropóloga nunca apoyó. Sus últimos años los dedicó a llevar educación a los pueblos indígenas del sur de México.